La felicidad como resultado medible de la educación

by UNO Internacional on 27 noviembre, 2014
Foto:© realinemedia/depositphotos.com

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por Stuart Grauer *

Una nueva visión en la carrera por la educación global: las escuelas en Corea del Sur han perseguido con gran éxito altas calificaciones en los exámenes. Son claramente líderes en la competencia de la educación global. Entonces, ¿por qué me llevaron a mí, un progresista de California, promotor y fundador de pequeñas escuelas, para hacer el discurso de cierre del Foro Internacional de Educación Seúl 2013 para hablar de “la felicidad en la educación”?

Después de una generación de devoción hacia las altas calificaciones en las pruebas, el éxito educativo de Corea del Sur ha llevado a las escuelas a un lugar al que pocas naciones pudieran alguna vez llegar: la seria consideración de cómo ser felices. Me enteré de que los adolescentes coreanos duermen 6 horas por la noche –no lo suficiente para desarrollar o cultivar cualidades como la empatía y la creatividad. El tema de la conferencia de este año –Perspectivas internacionales sobre la felicidad en la educación–, es un concepto que hubiera sido insondable apenas una generación atrás.

Comencé mi visita por preguntar a mis nuevos amigos cuáles eran sus dificultades para ayudar a sus alumnos a ser más felices. Su respuesta no debió ser una sorpresa. Fue la misma que obtuve de maestros en La Habana, España y Boulder, Colorado. Fue la misma respuesta que escuché de maestros de los educadores en todo Estados Unidos que leen mi blog. Escucho esta respuesta de maestros progresistas, de maestros conservadores, de maestros que inician con frescura y de otros que ya están hartos. En el mundo desarrollado y con frecuencia en otras partes, los maestros se sienten víctimas del currículo que no pueden cubrir en un año y por el hecho de que su propio valor y destino como profesionales estará determinado por las calificaciones de pruebas estandarizadas de sus alumnos. Así que alrededor de un wok, escuché a los maestros explicar este sentimiento una vez más. No cabe duda de que casi todos los que de hecho interactúan con niños cada día encuentran en esta situación una fuente de infelicidad. En gran medida, los educadores y padres de la generación milenio se ven a sí mismos en una “carrera hacia ninguna parte”.

A principios de este año, en Seúl, al tomar protesta de su cargo la nueva presidenta de Corea del Sur Park Geun-hye, hizo una promesa revolucionaria –hacer feliz a un pueblo adicto al trabajo, ultra competitivo y estresado: “Voy a marcar el inicio de una nueva era de esperanza, en la que la felicidad de cada ciudadano se convierta en la piedra angular de la fortaleza de nuestra nación”. Esta meta se extendió rápidamente a los ministerios nacionales, y así, , en nombre de la felicidad, nos reunimos este año con el Ministro de Educación. La visión y el valor de Seúl de poner a la felicidad como una meta real es una visión de liderazgo que ve más allá de los resultados estelares en las pruebas estandarizadas de sus estudiantes privados de sueño. Como una ciencia emergente, podemos ahora examinar la felicidad de los estudiantes del mismo modo que los examinamos sus conocimientos de álgebra.

Ahora sabemos, a partir del Centro de estudios de la felicidad, de la Universidad Nacional de Seúl, que maestros felices logran estudiantes felices. Pese a todos estos valores esposados, cuando en todo el mundo se evalúa a los maestros, se les evalúa por cuánto han avanzado en la carrera por completar los requerimientos del año, junto con un puñado de calificaciones de pruebas y quizá promedios grupales. Esta calificación unidimensional hace o deshace carreras docentes.

Los psicólogos han asociado de manera repetida la felicidad con todo tipo de atributos que ayudarían a las escuelas, incluyendo un sólido sistema inmune y calificaciones más altas de trabajo de maestros y supervisores. La Escala de Satisfacción con la Vida (SWLS), la Escala de Afecto Positivo y Negativo (PANAS) y, la Escala de Satisfacción Subjetiva (Foro Internacional de Educación Seúl 2013) son solo algunas de las baterías de felicidad disponibles. También las naciones son clasificadas del mismo modo que los maestros. A pesar de que Corea del Sur califica como una de las dos primeras naciones del mundo en la presentación de exámenes académicos (Pearson, 2013), también figura en el lugar 63 entre 151 naciones del Índice del Planeta Feliz (New Economics Foundation, 2013).

Resulta inspirador pensar en lo que los estudiantes de Corea del Sur podrían lograr si no solamente tuvieran un alto desempeño, sino que fueran felices. En el almuerzo, tras la apertura de la conferencia, sugerí: “Si tomamos en serio la felicidad como resultado educativo para nuestros niños, ¿por qué no la medimos y evaluamos a nuestros maestros en esto además de las calificaciones académicas de sus estudiantes?” La energía y dedicación que se requiere para que Corea del Sur alcance su actual posición son impresionantes, y sin embargo las altas calificaciones de los exámenes son principalmente un indicador de lo bien que los alumnos se preparan para dichas pruebas y, relativamente, casi nada más. Imaginen si Corea del Sur, con toda su concentración y resolución pusiera la mirada de sus pruebas en algo más grande: una síntesis de felicidad y alto desempeño.

A nivel mundial, los maestros son evaluados y se les paga, son promovidos y despedidos, por las calificaciones de sus alumnos. Pero qué tal si convertimos nuestra estrategia de evaluación educativa en un balance entre la prueba de habilidades académicas y la prueba de felicidad? La felicidad es al fin medible y, reconocer esto fue tal vez el mayor logro del Foro de este año en Seúl. ¿Podríamos comenzar a abordar y valorar la felicidad de los alumnos de forma tan directa como hacemos con cualquier otro objetivo educativo? Si toda nación juzgara a sus maestros con base en los resultados de  sus alumnos combinados en habilidades académicas y felicidad, esos maestros serían motivo de gratitud y seguramente captarían la atención del mundo.

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* Stuart Grauer es maestro y fundador de The Grauer School en Encinitas, California, y fundador de Small Schools Coalition. Acredita y ofrece consultorías a escuelas de todo el mundo. Es autor de “Real Teachers.”

Referencias:

El texto original puede leerse en: http://smartblogs.com/education/2014/01/10/happiness-as-a-measurable-educational-outcome/#.UtXmZRzhhz4.scoopit Traducción: UnoNews.

 

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